...Las contracciones cada vez eran más intensas y seguidas. Yo a su lado tratando de apoyarla... ¿pero como apoyar?... ¿has visto las películas cuando hay algún parto?... cuando la mujer casi descuartiza al marido o al futuro padre del bebe que viene en camino, o simplemente lo empapela con maldiciones y le hecha la culpa de todo el dolor que siente. Bueno, creo que la mejor arma es el “TTC”, tacto, tino y criterio. Teniendo en cuenta de que tu amada ya hace ahí recostada en una camilla casi retorciéndose de dolor, o talvez si no es dolor, ella estará muy incomoda, no se te vaya a ocurrir preguntarle: ¿te duele? O talvez salir con algún disparate que solo a nosotros los hombres se nos ocurre interponer en el momento menos preciso, en la hora menos ocurrente y con la persona más equivocada.
Fueron horas eternas... casi 12 horas en preparto... uffff. Yo pienso de que si me hubiese tocado estar en su lugar, no lo habría logrado y me hubiese desvanecido en el intento.
Para nuestra sorpresa, la matrona nos avanza de que ya no será parto normal, sino cesárea. ¿ Cesárea, Que acaso ya no era suficiente dolor y preocupación? Mas encima tenían que meter cuchillo... ya no daba mas por los nervios... De repente me mire las manos y recién me di cuenta de que andaba trayendo la cámara filmadora... y me dije a mi mismo, “mismo... debes estar tranquilo para que todo salga bien y puedas tener la primera imagen de tu beba”.
No se si recé, no se si pensé en otra cosa que no fuera el parto, si el mundo se acababa no me importaba, ya que este pedazo de tiempo en el correr de los días era nuestro, de mi señora, mi hija y yo... (bueno dejando de lado a la matrona, el medico de turno, el ginecólogo, las enfermeras, el anestesiólogo, neonatólogos... etc.) este era nuestro momento en el cual nos trasformaríamos en una familia completa.
Eran las 00:10 AM y los doctores sacaron un cuerpecito medio morado llorando a no mas poder del interior de mi amada esposa, era la cosa mas bella que había visto, sin desmerecer a Carolina. Cuando el neonatólogo, nos la acercó para poder verla, su rostro aun hinchadito y medio morado desplegó, lo que podríamos decir, la primera musaraña... un puchero, que hasta en estos días que me acuerdo, me roba una y otra vez el corazón.
Luego vinieron los exámenes de rigor, mangueras por ahí, mangueras por allá... que pinchazos y mediciones. Ye me decía mientras veía tanta tortura a la vez... “¿por qué tiene que ser tan caótica la llegada de un bebe? ¿Por que la tortura?”... es increíble el cambio radical que tienen los seres humanos al nacer, primero un ambiente relajado donde la calma generalmente está, donde solo es el bebe y la madre quien le entrega tanta dulzura, resguardo y protección, luego naces... te enfrentas a un mundo hostil, donde lo primero que sientes es frío, una luz cegadora, confusión y mas aun te torturan metiéndote mangueras por la boca y nariz. Algo que menos mal los bebes no se acuerdan, ya que estaríamos todos traumatizados desde chicos por este shock.
Al salir de parto, lo primero que hago es besar a mi amada y surge la pregunta que aun en mi vida me causa problemas. Señor, me dice una enfermera, decida Ud o se queda con la madre o se va con la beba. Un mundo de dudas se me vino encima... siempre fue fácil esa pregunta para mi... o algo o mi señora o esto o mi señora... por suerte siempre supe decidir bien, MI SEÑORA, aunque me tilden de pollerudo. Pero esta vez era diferente, era entre ella y mi hija... no sabia que hacer, las dos eran mi familia... ¿qué hacer? ¿Cuál era la elección correcta?... se me presentó un menú así como de juegos de video en mi mente, dándome las opciones y sus respectivas consecuencias. Cada una al filo de caer en un abismo si es que tomaba la opción incorrecta. Al final opté por quedarme con mi señora, pero ella me dijo: “anda con ella, yo estaré bien... ella esta indefensa yo no”... o me sonó algo por el estilo... pues en fin, fui tras ella....